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Textos y Resúmenes de Psicología

Material de estudio para estudiantes de Psicología y carreras relacionadas.


Para la comprensión de la situación actual de las prácticas, políticas y estructuras sanitarias argentina y su relación con las condiciones de vida de la población; es necesario al menos hacer un recorrido de la historia. El enfoque desde el cual haremos este recorrido, la medicina social con base en el materialismo dialéctico e histórico.
En la estructura sanitaria, los modelos aplicados son la resultante de los cambios en la estructura social, el cuidado de la salud como práctica social, junto a los avances científicos-técnicos, y fundamentalmente por el cambio en la epidemiología de la enfermedad, conforman la interacción necesaria para este desarrollo.
La estructura social en el plano de la salud podemos decir que es la “relación entre el nivel de salud y sus condiciones de vida determinada por su posición social”. La gente vive, muere o enferma según el lugar social que ocupa en el proceso productivo y dentro de él en el proceso de trabajo.

A principio del siglo xx el contexto histórico social en Argentina se caracterizaba por tener un desarrollo capitalista incipiente con inversión de capital primordialmente en infraestructura o industrias vinculadas a la exportación, con una base latifundista del campo con su producción ganadera y agrícola. Y recibir un gran afluente de inmigrantes provenientes de varios países europeos, principalmente italianos y españoles, debido a esto en ese momento la fuerza de trabajo inagotable. Además significaba que desde el punto de vista del cuidado de la salud, no era necesario vigilarla ya que era fácilmente remplazada.
Las enfermedades infectocontagiosas (paludismo, chagas, sífilis, etc.) asociadas a la malnutrición y desnutrición, en medio de condiciones ambientales, en muchos casos deplorables, estaban a la orden del día; otros de los problemas sanitarios y social importante era el alcoholismo, devastador de las expectativas de vida de los sectores más bajos de la sociedad, los criollos y los originarios.
Los “socorros mutuos” (mutualidades) y las “caja de huelgas”, fueron los organismos de solidaridad creados por los obreros para defender su salud de la explotación salvaje; permitiéndole recuperarla con asistencia médica o mantenerla con salarios que regeneran su fuerza de trabajo. Las clases dominantes, a través del aparato de poder del Estado, utiliza e instrumentan ideológicamente esa necesidad, ante la movilización de la masa popular, ejemplo de ello eran los hospitales de beneficencia.
En cuanto al papel del Estado en su relación con salud, mantenía un criterio indiferente en cuanto al cuidado de la salud. La atención sanitaria a la que podríamos precisar como “policía médica”, apoyados en una concepción higienista, que consistía en procurar hábitos higiénicos a la población principalmente hacinada en las casas de inquilinato. El objetivo de esta política era transformar a los pobres en más aptos para el trabajo y menos peligrosos para los ricos, el papel asistencial era totalmente secundario.

Década del ’40: organización del sistema de salud. En este periodo es creado el ministerio de Salud Pública, siendo sur primer ministro, el Dr. Ramón Carrillo, quien organiza el Seguro Nacional de Salud, dando al Estado la potestad del control financiero y administrativo de los servicios de salud. Dando prioritaria importancia al desarrollo de la medicina preventiva, a la medicina social y a la medicina sanitaria, a la organización hospitalaria, a conceptos como la “centralización normativa  y descentralización ejecutiva”.
Las política  sanitaria tiene tres ramas básicas: a) la medicina asistencial, destinada a la reparación y rehabilitación de las enfermedades ; b) la medicina sanitaria, orientada a la profilaxis inmunológica y al cuidado del medio ambiente y c) la medicina social, enfocada a desarrollar los factores que promueven la salud ( trabajo digno, educación, alimentación, vivienda, esparcimiento). Esta última rama, en realidad la verdadera prevención, debería ampliarse y reemplazar a las otras dos.
En 1948, junto con la firma de la carta constitutiva de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se crea el ente sectorial dedicado a salud, la Organización Mundial de la Salud (OMS). El enfoque sanitario adquirió una denominación identificatoria y un cuerpo conceptual: salud pública, es decir, una disciplina de abordaje de lo social o colectivo, como visión superadora del enfoque clínico o individual. 
Si bien la práctica pública coexistió desde el inicio con las prestaciones privadas, en este periodo predomina el papel del Estado, y es en este marco sociopolítico que tiene auge las O. Social sindicales. Por otra parte se generalizan las Obras Sociales nacionales y provinciales.

A comienzo de la década del ’60 comienza el declive de la responsabilidad pública de la atención de la salud de la población, tomando supremacía la inversión privada y la rentabilidad. Queda así configurado un esquema del sistema de salud con un sector público, un sector privado, y las obras sociales, repartido en partes aproximadamente iguales, esto es así desde el punto de vista de quien financia, pero no desde quien es prestatario. El sistema privatizado va hegemonizando la línea, la conducta, el desarrollo e incluso la demanda de la función pública. El sector público estatal en donde a lo asistencial, se agregaba la investigación, la educación, y la inversión en tecnología, a parir de esta época la va quedando el papel de cubrir la función del sector marginal dentro del sistema. Producto del revulsivo social en el mundo, la guerra de Vietnam, la Revolución Cubana, y en general la oleada de luchas de  los pueblos y naciones por la liberación nacional y social, tiene un impacto muy grande sobre grandes masas a nivel mundial y sobre el abordaje de las problemáticas de la salud de la población y principalmente sobre los castigados por la crisis económica, como así también por políticas dictatoriales.
A principio de la década del ’70 en Argentina se abre un debate muy profundo e interesante sobre la salud, sobre las “bases de un proyecto de Reforma Sanitaria Nacional” pretendiendo que el Estado recupere su papel primordial. Es interesante rescata los movimientos sociales de los trabajadores de la salud en el escenario del debate en esta cuestión. Al proyecto de ley sobre el Sistema Nacional Integrado de Salud, fueron fundamentales los aportes de la Coordinadora de trabajadores de salud Mental. “la salud debería ser universa, igualitaria e integral (curativa, preventiva y rehabilitadota).

A partir de la década del ’90 en forma constante se ha ido practicando una política de destrucción del Sistema Público de la Salud. En lo económico, restringiendo el presupuesto y los salarios; en lo laboral, con el recorte o anulación de las conquistas
De los trabajadores del área; en el plano político-ideológico, usando todos los argumentos posibles para descentralizarlo. Alegando que el Estado no era eficiente, así se abrió paso a la destrucción del hospital público y gratuito, insertando la modalidad de descentralización y posteriormente “autogestión hospitalaria”.
En 1993 el Banco Mundial, ente de financiador de préstamos a los países en “desarrollo” o “emergente” investiga la situación sanitaria, educativa, etc., como condición para otorgar prestamos. En el caso argentino investiga la crisis del sector y produce un documento. Este informe que especifica el deterioro de los índices sanitarios, la anarquización del sistema de prestaciones, un gasto excesivo en medicamentos por parte del estado. Así se produce un alto gasto, con un impacto muy bajo en la salud de la población.
En los esencial propone que el cuidado de la salud de la población más pobre y vulnerable  debe estar a cargo del Estado, o estados provinciales, reactualiza lo ya planteado por organismos internacionales en décadas anteriores. Alienta los “incentivos” para los prestadores “eficientes”, “compromiso de gestión. Pero “el eje conceptual es reemplazar el subsidio a la oferta por el subsidio a la demanda, en otras palabras dejar de financiar los hospitales y centros de salud y poner ese dinero en servicios financieros para que la población compre la salud en el mercado /seguro de salud)”. Todo esto financiado por préstamos internacionales, sobre el criterio de “productividad”. 

Fuente: Resumen Psicología UNR





I - Lacan introduce  los conceptos freudianos principales. El inconciente y la repetición y el sujeto y lo real, que llevarán a dar forma a la pregunta sobre si el psicoanálisis puede ser considerado como algo que constituye una ciencia, una esperanza de ciencia.



II- En primer lugar, dice sobre el inconciente que está estructurado como un lenguaje, formulación mucho más accesible para Lacan que para Freud, ya que considerar al lenguaje como una estructura, implica la presencia del estructuralismo. En la época histórica en la que Lacan desarrolla su teoría estaba presenciando la formación de una ciencia humana, que formaba parte de la psicosociología, a saber, la lingüística, cuyo modelo es el juego combinatorio que opera espontáneamente por sí solo, de manera pre subjetiva, está estructurada su status de inconsciente. Cuando Lacan dice juego combinatorio se refiere a la combinación de los significantes, que son los elementos de una estructura, en este caso el lenguaje, y que opera espontáneamente por sí solo, de manera pre subjetiva (pre subjetiva porque es del orden de las ciencias, y allí no opera ningún sujeto) y esta estructura da status al inconsciente.

La noción de estructura asegura que el término inconsciente encierra algo calificable, accesible y objetivable. Pero cuando él incita a los psicoanalistas a no ignorar este terreno, que les brinda un apoyo sólido por lo que ya se dijo, no significa que debe tenerse así a los conceptos que históricamente introdujo Freud bajo el termino de inconsciente, ya que el inconsciente, concepto freudiano, es algo diferente

No  basta con decir que el inconciente es un concepto dinámico, pues con ello sólo se sustituye un misterio particular por un misterio más corriente, el de la fuerza, y la fuerza sirve generalmente para designar su lugar de opacidad, por ello Lacan se refiere a la función de la causa, rompiendo con las ideas de que el inconciente es algo oculto a descubrir. De Kant, Lacan rescata la precisión con que se discierne la hiancia (tropiezo, salto, agujero, grieta) que, desde siempre, presenta la función de la causa a toda aprehensión conceptual.

La causa se distingue de lo que hay de determinante en una cadena (significante), o dicho de otra manera, de la ley. Cada vez que se habla de causa, siempre hay algo anticonceptual, indefinido. Las fases de la luna son la causa de las mareas, pero esto no quiere decir nada, hay un hueco y algo que vacila en el intervalo. En suma, sólo hay causa de lo que cojea. No hay causa sino ley; podría decirse, en este sentido, que la causa es lo inexplicable de la ley.

En ese punto se sitúa el inconciente freudiano, en ese punto donde, entre la causa y lo que ella afecta, está siempre lo que cojea. Lo que importa no es que el inconciente determine la neurosis; respecto a esto Freud se lava lasmanos. Un día de estos, dice Lacan, descubrirán quizá algo, determinantes humorales, por ejemplo, da lo mismo: a Freud esto le tiene sin cuidado. Y es que el inconciente nos muestra la hiancia por donde la neurosis empalma con un real; real que puede muy bien, por su parte, no estar determinado.

(Si la causa tiene algo de lo imposible de definir, Lacan ubica en eso imposible a lo real. Por eso la respuesta a la causa tiene siempre una respuesta por lo imposible – Dios, el Ser, etc. Entre la causa y el síntoma está el inconciente. El inconciente mismo es una legalidad que opera en conjunto.)

Freud parte de la Etiología de las neurosis, y ¿qué encuentra en el hueco, en la ranura, en la hiancia característica de la causa? Algo que pertenece al orden de lo no realizado. No es extraño que la represión eche cosas allí. Es la relación con el limbo de la comadrona que hace abortos. Esta dimensión ha de evocarse en un registro que es del orden de lo no realizado.

El inconciente se manifiesta primero como algo que está a la espera, en el círculo de lo no nacido (lo no realizado. El inconciente está pero no está, aparece en el acto de la enunciación, en ese preciso momento de apertura y cierre, es donde hay algo del orden del inconsciente).

Luego, Lacan hablara del ombligo del sueño, diciendo que aquello es lo que produce el deseo. El ombligo del sueño es el centro desconocido y dicho centro nos despierta. Para Lacan sería del orden de lo real. Nadie sueña con su propia muerte. Si soñamos que nos caemos nos despertamos, porque ya no hay más nada que poner allí. Nos despertamos para volver a soñar. De esa hiancia está hablando; hay un límite a la posibilidad de representación.



III - Lacan introduce en el dominio de la causa la ley significante, en el lugar donde esta hiancia se produce (el inconsciente es un fenómeno, y si es un fenómeno es algo que se manifiesta. Hay cuestiones en el orden del hablar en estos efectos que surgen del discurso discontinuo.)

El inconciente freudiano nada tiene que ver con las llamadas formas de inconciente, no es en absoluto el inconciente romántico de la creación imaginativa. No es el lugar de las divinidades de la noche.

Freud opone la revelación de que, a nivel del inconciente, hay algo homólogo en todos sus puntos con lo que sucede a nivel del sujeto: eso habla y funciona de una manera tan elaborada como a nivel de lo conciente, el cual pierde así lo que parecía ser privilegio suyo. “En olvido en los sueños”, Freud no hace más que referirse a los juegos del significante. ¿Qué es lo que impresiona, de entrada, en el sueño, en el acto fallido, en la agudeza? El aspecto de tropiezo bajo el cual se presentan.

Tropiezo, falla fisura. En una frase pronunciada, escrita, algo viene a tropezar. Estos fenómenos operan como un imán sobre Freud, y allí va a buscar el inconciente. Allí, una cosa distinta exige su realización, una cosa que aparece como intencional, ciertamente, pero con una extraña temporalidad (para el yo). Lo que se produce en esta hiancia (formaciones del inconciente), en el sentido pleno del término producirse, se presenta como el hallazgo. Así es como la exploración freudiana encuentra primero lo que sucede en el inconciente.

Hallazgo que es a un tiempo solución, no necesariamente acabada pero que, por incompleta que sea, tiene ese no sé qué, que es la sorpresa, aquello que rebasa al sujeto, aquello por lo que encuentra., a la par, más y menos de lo que esperaba: en todo caso, respecto a lo que es esperaba, lo que encuentra es invalorable.

Con todo, este hallazgo, en cuanto se presenta, es re-hallazgo y, además, está siempre dispuesto a escabullirse de nuevo, instaurando así la dimensión de la perdida. La discontinuidad es la forma esencial en que se nos aparece en primer lugar el inconciente como fenómeno – la discontinuidad en la que algo se manifiesta como vacilación.

(La discontinuidad, la sincronía son del orden del inconsciente y en ese momento aparece, porque después no está más, y antes tampoco estaba, por eso es discontinuo, y sincrónico porque el lenguaje se produce todo junto, no podría haberse formado una palabra sin la otra. Por eso dice Lacan que se presenta como un re-hallazgo y además, esta siempre dispuesto a escabullirse de nuevo, instaurando así la dimensión perdida.

El inconsciente entonces es una estructura del lenguaje, sincrónico, y cualquier formación del inconsciente nos lleva a que el sujeto es indeterminado, por eso no es total y es discontinuo porque el inconsciente se pierde tanto como se vuelve a encontrar. El sujeto no es determinado como el yo.)

El inconciente es el sujeto, en tanto alienado en su historia, donde la síncopa del discurso se une con su deseo. Hay que situar el inconciente en la dimensión de una sincronía (el lenguaje no pudo haberse producido sino sincrónicamente, todo junto; sin tiempo, corte en donde cae todo junto y sin tiempo) – en el plano de un ser, pero en la medida en que éste puede recaer sobre todo, es decir, en el plano del sujeto de la enunciación, en la medida en que según las frases, según los modos, éste se pierde tato como se vuelve a encontrar, y que, en una interjección, en un imperativo, en una invocación y aun en un desfallecimiento, siempre es él quien le afirma a uno su enigma, y quien habla – en suma, en el plano donde todo lo que se explaya en el inconciente se difunde, tal el micelio, como dice Freud a propósito del sueño, en torno a un punto central. Se trata siempre del sujeto en tanto que indeterminado  (porque es discontinuo).

El inconciente se manifiesta (en las formaciones del inconciente) siempre como lo que vacila en un corte del sujeto – de donde vuelve a surgir un hallazgo, que Freud asimila al deseo – deseo que situaremos provisionalmente en la metonimia.



 Fuente: Facultad de Psicologia UNR








La cuestion conceptual
Si bien la ciencia se sustenta en la producción de conceptos, el mundo se va resignificando a medida que cambia la concepción del mismo; para el hombre, al cambiar las condiciones de producción de conceptos, cambia su cosmovisión.
El pasaje del teocentrismo al racionalismo cartesiano dará lugar al nacimiento de la ciencia en sentido moderno, inaugurado por la física moderna. Existe una íntima relación entre el sujeto cartesiano, el nacimiento de la física y de la ciencia moderna y el surgimiento del psicoanálisis.
Hay un sujeto de la ciencia y este es el mismo que el del psicoanálisis: el sujeto en su división entre saber y verdad.
Deleuze y Guattari en el texto “¿Qué es la filosofía?” afirman que es la filosofía la disciplina que consiste en crear, formar, inventar, fabricar conceptos, y no la ciencia, la cual no produce conceptos sino proposiciones que se definen por su referencia. Las leyes establecidas por la ciencia describen hechos cuya causa es inaprensible simbólicamente, como toda causa.
El concepto se define como un acto de pensamiento que expresa el acontecimiento del Otro en tanto concebido como un mundo posible, otro (rostro), lenguaje. Hay aquí tres términos: el acto en tanto suicidio del sujeto, marcando un antes y un después, el acontecimiento como emergencia de una marca en lo real, y por último el Gran otro, tesoro de los significantes.

El concepto en Freud
Toda ciencia que pretenda ser ciencia debe formalizarse mediante la producción teórica. Freud fue un hombre de ciencia: se formo en el campo de la ciencia, produjo conocimiento científico, estaba habitado por el ideal científico, pero también produjo la emergencia de una verdad, la verdad del sujeto, del síntoma, del deseo, del sufrimiento, es decir, de la verdad inconciente.
¿Es el Psicoanálisis una ciencia? A lo que Lacan agrega, ¿qué sería una ciencia que incluya al Psicoanálisis?
La emergencia del sujeto es, históricamente hablando, inaugural para la ciencia. No hubiera sido posible sin el advenimiento del sujeto cartesiano. Pienso, luego existo. Pero paradójicamente es en el mismo movimiento la ciencia lo forcluye en una ilusoria pretensión de objetividad. Es este sujeto forcluído por la ciencia, en su división entre saber y verdad, el que el Psicoanálisis toma, dicha división en tanto instalando la dimensión de la pérdida, pulsación temporal, evanescencia del inconciente.
El Psicoanálisis nace gracias a las histéricas; una de ellas, Ana O. le da su primer nombre, cura de palabra, talking cure.
En 1915 Freud realizará el primer intento sistemático de formalizar el Psicoanálisis en los textos metapsicológicos. Si bien la exposición de sus concepciones teóricas comienza con “La interpretación de los sueños” (1900), es en 1910 donde Freud oficializa el deslinde del Psicoanálisis de la filosofía y la medicina. A partir de aquí formaliza la conceptualización teórica que toda ciencia requiere para  ser tal. Pulsiones y destinos de pulsión es el primer artículo de “La Metapsicología” donde abordará al concepto como el soporte de toda ciencia.

El concepto en Lacan
El comienzo de la enseñanza de Lacan está planteado como un retorno a Freud, en una profunda crítica a los postfreudianos. Su producción en los primeros 10 años, desde 1953 hasta 1963 estará atravesada por el auge del estructuralismo, la lingüística y la antropología estructural. Pero es el Seminario 11 donde abordará el concepto en tanto fundamento: inconciente, repetición, pulsión y transferencia. El giro conceptual de este seminario estará orientado en función de lo Real en tanto imposible. La hiancia, el ombligo del sueño, el objeto “a”, lo anticonceptual de la causa, serán diferentes formas de decir que tanto para el sujeto del inconciente como para la producción conceptual, existe aquello que resiste a la significación, esto es, una función, la función causal, lo que no cesa de no inscribirse, lo real.
En este seminario Lacan desconecta la repetición de la transferencia. El núcleo de la repetición es lo real, tanto la repetición como el inconciente tienen que ver con el orden de lo no realizado. La repetición es decepción en acto, es repetición de la decepción, del encuentro fallido con lo real, pero también repetición de la diferencia.
El real es irreductible a la significación. Es aquello de lo cual la ciencia nada quiere saber, por eso coloca la ley en el lugar de la causa sin saber que la causa es sólo una función.
En el primer capítulo del Seminario 11, “La excomunión”, Lacan dará cuenta de su expulsión de la I.P.A. Como efecto funda la Escuela Freudiana de París.
Dos preguntas rigen este primer capítulo:
1- ¿Qué es el psicoanálisis?
2- ¿Es el Psicoanálisis una ciencia?
Lo primero que va a decir es que el Psicoanálisis es el tratamiento dispensado por un analista para luego situarlo en el orden de una praxis. La praxis es definida como una acción concertada por el hombre que le da la posibilidad de tratar lo real mediante lo simbólico con más o menos de imaginario, esto es secundario.
Pero, ¿qué legitima a una praxis? Es decir, cuando una praxis es científica la formalización conceptual es indispensable pero no suficiente, lo propio de la ciencia es dejar por fuera el deseo del investigador. Lacan dirá que hay dos dominios de la investigación científica, el dominio donde se busca y el dominio donde se encuentra. La ciencia y la religión serán situadas en el dominio de la búsqueda, es decir que se busca lo que se va a encontrar.
Podemos decir que el psicoanálisis es una praxis que introduce, con Lacan, el deseo del analista, en términos de Freud podemos situar el principio de abstinencia.

 Fuente: Facultad Psicologia UNR




El descubrimiento freudiano se funda sobre la aprehensión fundamental de que los síntomas del neurótico revelan una forma desviada de satisfacción sexual. Freud demostró la función sexual de los síntomas en los neuróticos de modo muy concreto, a través de una serie de equivalencias, siendo la última de ellas una sanción terapéutica.
El problema que se le plantea a Freud en esta época es la de la estructura de la psicosis. ¿Cómo elaborar la estructura de la psicosis en el interior del marco de la teoría general de la libido? EN consecuencia, Freud intenta establecer en ese momento la relación que puede existir entre las pulsiones sexuales, alas que otorgó tanta importancia pues estaban ocultas y su análisis las revelaba, y las pulsiones del yo que no había colocado hasta entonces en primer plano.

Freud afirma que puede suponerse, en un estadio primitivo, anterior al que la investigación psicoanalítica nos permite acceder, la existencia de un estado de narcisismo en el que resulta imposible discernir entre las dos tendencias fundamentales: la Sexualibido y las Ich-Triebe. En esta etapa, ambas están inextricablemente mezcladas, confundidas y no son diferentes para nuestro grosero análisis. No obstante, Freud explica por qué intenta mantener la distinción.

En primer lugar, está la experiencia de las neurosis. Después, el hecho de que la distinción entre pulsiones del yo y pulsiones sexuales sólo en imputable quizás a que las pulsiones son para nuestra teoría el punto último de referencia.
Freud adosa su teoría de la libido a lo que le indica la biología de su tiempo. La teoría de los instintos no puede dejar de tener en cuenta una bipartición fundamental entre las finalidades de preservación del individuo y las de continuidad de la especie.

En la segunda parte, Lacan introduce un complemente en el esquema que presento en el cursillo sobre la tópica de lo imaginario.
Les indiqué que este modelo está en la línea misma de los deseos de Freud. Freud explica en varios sitios que las instancias psíquicas fundamentales deben concebirse en su mayor parte, como representantes de lo que sucede en un aparato fotográfico: es decir, como las imágenes, virtuales o reales, producidas por su funcionamiento. El aparato orgánico representa el mecanismo del aparato, y lo que aprehendemos son imágenes. Sus funciones no son homogéneas, ya que una imagen real y una imagen virtual son diferentes. Las instancias deben pues interpretarse mediante un esquema óptico. Concepción que Freud indicó muchas veces, pero que nunca llegó a materializar.
El espejo cóncavo gracias al cual se produce el fenómeno del ramillete invertido; aquí, por comodidad, lo he transformado en florero invertido. EL florero está en la caja y el ramillete encima.

El florero será producido por le juego de reflexión de los rayos por una imagen real, no virtual, que el ojo puede enfocar. Si el ojo se acomoda a nivel de las flores que hemos dispuesto, será la imagen real del florero rodeando el ramillete, confiriéndole estilo y unidad; reflejo de la unidad del cuerpo.

Para que la imagen tenga cierta consistencia, es necesario que sea verdaderamente una imagen. A cada punto del objeto le corresponde un punto de la imagen, y todos los rayos provenientes de un punto deben cruzarse en un punto único en algún lado.
Se trata de la relación entre la constitución de la realidad y la forma del cuerpo, que de un modo más o menos apropiado ha sido llamado ontológico.
Ese ojo hipotético del que les he hablado, pongámoslo en algún sitio entre el espejo cóncavo y el objeto. Para que este ojo tenga exactamente la ilusión del florero invertido, es decir, para que lobea en óptimas condiciones, como si estuviera en el fondo de la sala, hace falta y basta una sola cosa: que hubiera más o menos en la mitad de la sala un espejo plano.

En otros términos, si colocamos en la mitad de la sala un espejo, al adosarme al espejo cóncavo veré la imagen del florero tan nítidamente como si estuviese en el fondo de la sala, aunque no lo vea directamente. ¿Qué veré ne el espejo? Primero, mi cara propia, allí donde no está. En segundo lugar, en un punto simétrico al punto donde está la imagen real, veré aparecer esa imagen real como imagen virtual.
Este pequeño esquema no es más que una elaboración muy simple del o que desde hace años intento explicarles con el estadio del espejo.

Existen dos narcisismos. En efecto, existe en primer lugar un narcisismo en relación a la imagen corporal. Esta imagen es idéntica para el conjunto de los mecanismos del sujeto y confiere su forma a su mundo circundante, en tanto es hombre. Ella hace la unidad del sujeto, la vemos proyectarse de mil maneras, hasta en lo que podemos llamar la fuente imaginaria del simbolismo, que es aquello a través del o cual el simbolismo se enlaza con el sentimiento que el ser humano tiene de su propio cuerpo.

Este primer narcisismo se sitúa a nivel de la imagen real de mi esquema, en tanto esta imagen permite organizar el conjunto de la realidad en cierto número de marcos preformados. En el hombre, la reflexión en el espejo manifiesta una posibilidad noética original, e introduce un segundo narcisismo. Su pattern fundamental es de inmediato la relación con el otro. El otro tiene para el hombre un valor cautivador, dada la anticipación que representa la imagen unitaria tal como ella es percibida en el espejo, o bien en la realidad toda del semejante.
El otro, el alter ego, se confunde en mayor o menor grado, según las etapas de la vida, con el Ich-Ideal, ese ideal del yo constantemente invocado en el artículo de Freud. La identificación narcisista la del segundo narcisismo es la identificación al otro que, en el caso normal, permite al hombre situar con precisión su relación imaginaria y libidinal con el mundo en general. Esto es lo que le permite ver en su lugar, y estructurar su ser en función de ese lugar y de su mundo. El sujeto ve su ser en una reflexión en relación al otro, es decir en relación al Ich-Ideal.

Es preciso diferenciar las funciones del yo – por una parte desempeñan para el hombre un papel fundamental en la estructuración de la realidad – por otra, debe pasar en el hombre por esa alienación fundamental que constituye la imagen reflejada de sí mismo que es el Ur-Ich; forma originaria tanta del Ich-Ideal como de la relación con el otro.
Ya les había dado un primer elemento del esquema, hoy les proporciono otro: la relación reflexiva con el otro.

Fuente: Facultad de Psicologia UNR